Vivir para contarlo

Permitidme que cuente una historia personal en este blog:

Este domingo cumplían 40 años de casados mis padres, todo un acontecimiento digno de celebrar. Ocasión propicia para, por indicación/sugerencia de mi hermano pequeño, recuperar el periódico familiar que empecé a elaborar regularmente en 1996 y que, por varias causas, hacía tiempo que no publicaba. En concreto, dos años y medio. Pero esta vez el esfuerzo merecía la pena. Así que gracias a la insistencia de mi mujer, me he pasado la última semana y media dándole vueltas a cómo hacer algo divertido, pero a la vez cariñoso, aunque no demasiado ñoño, y que pudiera gustar a toda la familia. Quitándome horas de sueño, ya que estaba desentrenado y cada artículo que quería escribir me costaba horrores, al final conseguí lograr un resultado lo más cercano posible a lo que había ido pergeñando en mi cabeza (suelo ser muy puntilloso hasta en los detalles más nimios cuando elaboro este periódico tan especial). El resultado fue más que satisfactorio, no por el “producto” en sí, sino por la acogida entre los “lectores”. Especialmente la de mis padres. Siempre he creído que eran los abuelos quienes esperaban con más ilusión aquella ‘hojica’ de papel con “noticias” sobre la familia que publiqué por primera vez hace diecisiete años precisamente para celebrar el 80 cumpleaños de mi abuelo materno Ricardo. Lo hice con medios muy rudimentarios: el primer PC familiar, una plantilla de Word adaptada y algunas imágenes de recurso que venían incluidas en el ordenador. Y, por supuesto, la ayuda imprescindible de mi madre para escribir algo que tuviera sentido y no fuese demasiado infantil.

Hoy los abuelos son ellos, mis padres, y por su reacción cuando entregué los ejemplares (un folio a doble cara, no os vayáis a pensar que era un periódico en toda regla) me quedó claro que tenían la ilusión de que EL SIGLO volviese a publicarse con motivo de su aniversario, las Bodas de Plenitud como le gusta decir a mi madre (aquí podéis leer su artículo conmemorativo). Menos mal que vencí a las mil tentaciones de la pereza y al final, con la ayuda de mis hermanos para conseguir algunas fotografías y de mi mujer para seleccionar y descartar textos, conseguí dar forma a dos páginas con algunas anécdotas sobre su vida juntos, su ejemplo como matrimonio en estos tiempos, sus hijos, sus padres… Y, por supuesto, sus nietas (dos de ellas nacieron en 2011, otra está a punto de llegar… y alguno/a más viene en camino) tenían su pequeño hueco reservado. ¡Cualquier no les da una pequeña ración de la medicina que mejor les sienta!

Viene esta historia a colación del gusanillo que volví a sentir mientras hacía el periódico, cuando pensaba qué noticias (esta vez ninguna inventada, que solía ser la marca de la casa) iba a publicar o buscaba las fotos con que ilustrarlas. Un cóctel de sensaciones único. Se supone que es algo que deberíamos vivir todos los periodistas a diario, pero que el día a día termina sepultando entre el estrés, las llamadas telefónicas, las urgencias del cierre y otras ataduras; aunque hay días que el ritmo y la intensidad que se viven en una redacción cuando hay que cubrir noticias de última hora, grandes acontecimientos o hechos inesperados son incomparables. Sin embargo, no es el mismo tipo de sensación. Es más parecida a la que sentíamos al realizar aquellos cándidos proyectos periodísticos que teníamos que realizar durante varios cursos en los años de Universidad, que nos parecían inabarcables y daban lugar a largas jornadas de trabajo plagadas de una emoción y entusiasmo tremendos. Además, como entonces, la elaboración cuasi artesanal, entre unos pocos y no como una orquesta bien afinada, que es como suelen funcionar las redacciones periodísticas, provoca una mayor implicación y apego por el “periódico” que vas a publicar. Pero, en ambos casos, el empeño es el mismo. Estar presente, ser testigo de la historia, para poder contarlo después a tu público. Da igual si son cuatro familiares y amigos o cientos de lectores desconocidos que cada día acuden al quiosco esperando descubrir algunas claves con las que entender mejor este mundo loco. Ése es el espíritu que deberíamos recuperar todos los periodistas en nuestro día a día para reordenar nuestras prioridades (de la política a las personas, del dinero a la solidaridad…), recuperar nuestra vocación de servicio a toda la sociedad y, de paso, volver a tener la confianza de los lectores.

Autor: Ricardo

Este es blog de un PERIODISTA, que escribe sobre PERIODISMO y pretende crear debate sobre la PRENSA.

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