A la hora de acudir al Kiosko, los lectores de periódicos se decantan por alguno de ellos por diferentes motivos. La prensa lo sabe y pretenden ponerlo cada día más fácil. Así, a los motivos históricos que acumula la centenaria cabecera ABC (como son la defensa de la Monarquía y de los valores cristianos) se suma ahora una prentendida centralidad o neutralidad, que se hace patente en temas como el polémico juicio del 11-M. Pero, al igual que Suiza nunca ha conseguido ganar peso siendo un país neutral, parece difícil que ABC vaya a ganar lectores con esa misma táctica. Los competidores lo saben, y llevan tiempo explicitando de manera cada vez más gráfica sus posiciones. El último ha sido El País, que tras su reciente rediseño cambió su lema de los últimos treinta años -“Diario Independiente de la Mañana”- por uno que refuerza su intención de convertirse en el diario de referencia para los lectores no españoles, especialmente de América Latina: “El periódico global en español”. Está claro que lo vende es el posicionamiento claro. Como ha El Mundo, cuya bandera es toda aquella que suponga una reivindicación social o política y, particularmente, el enfrentamiento con el Gobierno y el poder establecido. Por su parte, La Razón busca acoger a los lectores que ya no se reconocen en ABC, potenciando los frentes en los que la centenaria cabecera ha variado su posición: la defensa a ultranza de la Iglesia, los toros y el sector más conservador del PP. En este contexto, mi duda es: ¿A quién busca captar Público? En su lanzamiento dijeron que a los lectores más jóvenes, a aquellos que no se identifican con ninguno de los existentes (a nivel nacional, se sobreentiende). Pero la realidad del día a día de este novato diario es otra. En sólo un mes se ha convertido en el adalid de las posiciones más extremas y revanchistas, siempre desde la izquierda. Persecución de altos cargos en el franquismo, ataques a la Iglesia y al PP, y la confrontación injustificada con otros medios de comunicación han centrado su línea editorial (que la tienen, aunque no publiquen editoriales), junto a una cerrada defensa de la labor del Gobierno de Zapatero. Todo esto parece alejado de lo que, en teoría, reclama el nuevo lector, el joven que reclama medios que no deban favores al poder, que se preocupen por sus intereses y que hablen de su mundo, del que les afecta, más allá de los asuntos de la alta política. Si esta es la vara de medir, el fracaso de Público es más que notorio. En prensa escrita, hay quien lo hace mejor y desde hace más tiempo. Y también existen cientos de alternativas de Periodismo Ciudadano en la red (y gratis) y alguna más que está en camino -como el proyecto de Gumersindo Lafuente-, que arriesgan y aportan más que Público. De ahí que en la red, el foro público de debate más activo, ya existan durísimas críticas al proyecto y su decepcionante andadura. Aunque aún pueden variar el rumbo. ¿Cómo? Prometo tratarlo en un próximo post.

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