En el día del Patrón: Churchill también fue periodista

Hoy 24 de enero, día de San Francisco de Sales, patrón de los periodistas, se conmemora también la muerte de una de las figuras esenciales en el siglo XX: Winston Churchill. Un aniversario que viene a colación por el hecho de que el polifacético político británico también fue periodista en sus años mozos. Su bautismo de fuego tuvo lugar en el año 1895 en Cuba, desde donde enviaba crónicas para el neoyorkino The Daily Graphic. Posteriormente colaboró con medios como The Pioneer, The Daily Telegraph y The Morning Post, y durante un tiempo editó la revista oficial British Gazette. Además, recibió el premio Nobel de Literatura en 1953 por su faceta como historiador.

Hoy en el programa de Carlos Herrera en Onda Cero le han dedicado un espacio a los aspectos menos conocidos de la biografía de Churchill. Tenéis el audio disponible aquí.

Los muertos que la prensa ignora

Hace sólo unas horas que los grandes medios de comunicación españoles han comenzado a publicar la noticia del fallecimiento de Dennis Ritchie, cocreador del sistema operativo Unix y del lenguaje de programación C. Sin embargo, su muerte se produjo el pasado domingo, como bien recoge la Wikipedia, y desde entonces no se le ha dado la difusión ni el boato que tuvo la desaparición de Steve Jobs, cofundador de Apple.

El caso viene a poner en evidencia el deterioro de las agendas informativas en los grandes medios (¿aún existen?), lo moldeables que son sus prioridades y lo reducidas que son sus fuentes de información. Una tendencia que se ha agudizado por la crisis económica general y la de los propios medios en particular. La repercusión de Ritchie en el mundo de la computación es, según los expertos, superior a la de Jobs (en 1983 recibió el premio Turing, equivalente al Nobel en el campo de la informática), pero la atención de la prensa (nos guste o no, el principal canal de información para la mayoría de la población) a su muerte ha sido muy inferior y me atrevería a decir que desaparecida de no ser por el interesante artículo publicado hoy mismo por el portal Microsiervos.

No es el primero caso y me atrevería a decir que tampoco el último, pero si comparamos lo sucedido con la exagerada cobertura dada por los medios de todo el mundo a la desaparición de Jobs el contraste resulta sonrojante. Algo parecido podría decirse de los dramas ignorados mientras se le da publicidad a otros (precisamente hoy se cumple un año del rescate de los mineros chilenos, mientras que a otras operaciones similares en China y otros países apenas han sido difundidas) o de aquellos que, salvo excepciones, quedan en el olvido o en el limbo de los grandes medios de masas, como el hambre en África, relegados, en el mejor de los casos, a pequeñas secciones o breves referencias casi de pasada. Sólo aquellas desgracias que contienen alguna dosis de morbo gozan de la atención de la prensa y son seguidas con profusión durante meses. Se impone una revisión a fondo de las prioridades informativas para primar menos el espectáculo y más la información.

La portada más torera del año

No quería dejar pasar la ocasión de resaltar la excelente portada que ABC nos ofreció el pasado sábado a todos los taurinos. ¿Qué mejor defensa del arte de los toros que la del Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa?

La imagen del escritor peruano sosteniendo la montera de otro maestro y también académico como Curro Romero no puede ser más contundente. Los toros son arte y libertad, y su defensa ante los furibundos ataques de los que quieren imponer el pensamiento único con torpes excusas supuestamente ecologistas es hoy más necesaria que nunca. El problema es que no siempre se hace de la forma adecuada, como bien apuntaba Antonio García Barbeito en su columna. ABC (de la mano de Fernando Iwasaki) y Mario Vargas Llosa han mostrado el camino a seguir. Ahora es tarea de todo recoger el capote, nunca mejor dicho. Gracias, maestro.

Un Nobel contra la prensa: matar al mensajero

Ha pasado desapercibido el furibundo ataque que el premio Nobel de Economía Edward Prescott lanzó contra los periodistas en una entrevista publicada en El País el pasado domingo:

Creo que la prensa ha sido una de las principales responsables de este último trimestre de depresión. Los periodistas no hacían más que gritar que el mundo se iba a acabar.

En la misma línea, dos días después, el ex presidente de la CNMV Manuel Conthe, que durante su mandato intentó coartar la libertad de prensa de los medios económicos sobre las empresas cotizadas en bolsa, recuperaba estos mismos argumentos en Expansión:

La información de los medios sobre la realidad nunca es neutra: no sólo la selección de noticias, sino también la manera en que se presentan influyen sobre quienes las leen. Cuando llega una crisis económica, las malas noticias abundan y los medios quedan espontáneamente dominados por ellas. Para algunos profesionales y empresarios, esa tendencia a cargar las tintas en lo negativo acentúa la desconfianza de los ciudadanos y el desánimo de los consumidores y hace que "los árboles no nos dejen ver el bosque".

Creo que ambos se equivocan. Puede haber existido cierto amarillismo, alguna exageración, pero matar al mensajero, es decir, culpar a los medios, es injusto. Los responsables de la crisis son otros y, en todo caso, más culpables son la mayoría de los gobiernos del mundo que ni supieron ver la crisis, ni supieron frenarla.