Linchamiento a Jiménez Losantos

En las últimas semanas, el juicio al locutor de la Cope Federico Jiménez Losantos ha vuelto a sacar a la luz lo peor de la profesión. ¿Qué un compañero está en un aprieto por excederse en sus comentarios? Pues palo y todos contra él. No seré yo quien diga que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón no tiene derecho a exigir que se respete su derecho al honor o que Losantos actuó bien o mal. Pero, claro, de ahí a justificar que medios de comunicación como El País, Público, la cadena Ser, laSexta y otros le hayan realizado un juicio paralelo, le hayan condenado antes del juez y hayan aprovechado el caso para tildarle de azote de la democracia, predicador de la Iglesia, poco menos que golpista, etc.

¿Cabía esperar de los medios de comunicación españoles un comportamiento tan poco solidario? Tristemente sí. Y aunque no hay justificación posible, la actitud de Público o laSexta podría llegar a entenderse por su juventud, que les lleva a rebajar sus baremos de calidad y de profesionalidad para elevar el amarillismo y, así, ganar audiencia o ventas o lo que sea. Ya lo han hecho en otras ocasiones. Pero lo que es del todo injustificable es que los señores del Grupo Prisa hayan entrado a este juego. Por no hablar de lo que han hecho los programas televisivos del corazón o similares, que van de serios pero llevan a algunos de sus mayores enemigos al plató para elevar el linchamiento a un compañero. Pongo de ejemplo este video sacado de Youtube:

Insisto, no se trata de avalar o no a Losantos, que para eso ya tiene a la cadena donde trabaja y a su propio periódico digital. A mi, que particularmente no conozco a Losantos, al que oí durante poco tiempo (por aquello de la polémica, pero ahora prefiero a Carlos Herrera) y al que no le debo nada, toda esta situación me da pena. En parte, y egoistamente, porque pienso que si me veo algún día en una situación similar me podría pasar lo mismo. Pero también porque esta profesión no será realmente libre, ni independiente, mientras no sea solidaria. Y, en este país de cainitas, eso parece más que una quimera.

Gabilondo y los periodistas ‘fans’

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¿En qué situación ha quedado la prensa tras cuatro años de permanente tensión partidista entre los medios? Mal, muy mal.
En los últimos siete días hemos podido comprobar, con motivo de las entrevistas realizadas por Iñaki Gabilondo a Zapatero y Rajoy, su alcance real.
Gabilondo, considerado por muchos como uno de los mejores periodistas de España, mostró dos caras bien distintas. El jueves, con Rajoy, estuvo incisivo, tenso, insistente y agresivo. Incluso pareció tener pendiente alguna deuda personal que saldar con el líder del PP, a la vista de la “mala leche” que empleó en algunas preguntas, que parecían firmadas por el mismísimo José Blanco, secretario general del PSOE y verdadero azote de los populares. Además, la referencia del presentador de Cuatro al menor número de víctimas de ETA cuando ha gobernado el PSOE que cuando lo hizo el PP fue ruin e injustificada. Y peor aún que insistiese con la pregunta.
Sin embargo, al lunes siguiente, su actitud con Zapatero era más reposada, tranquila, incluso cordial. Fueron muchas menos las preguntas incómodas y más las puestas “en bandeja de plata”, que preparaban una salida fácil al Presidente. Hoy, elmundo.es ha colgado un vídeo que deja a las claras esa complicidad entre ambos y que, desde luego, no beneficia a ninguno de los dos (la frase de Zapatero diciendo “nos interesa mantener la tensión” es muy desafortunada).
Estos dos ejemplos retratan a un periodista reconvertido en “fan” de un partido. Así como los seguidores adolescentes de las estrellas musicales parecen dispuestos a soportar toda clase de veleidades de sus ídolos, defiendiéndolos a capa y espada y conviertiéndose en sus mejores valedores, los debates políticos en televisión, radio y las páginas de la prensa se han inundado de profesionales (Maria Antonia Iglesias, Nacho Villa o Margarita Sáenz-Díez, entre otros) dispuestos a sudar la camiseta de uno u otro partido que sobrepasan a la legítima defensa de las ideas para convertirse en meros portavoces de los mensajes cocinados en las sedes de las formaciones políticas. Lo dicho: muy preocupante.