Garzón y Nixon, caídos por las escuchas ilegales

El otrora juez estrella español Baltasar Garzón y el ex presidente estadounidense Richard Nixon tienen más en común de lo que parece y a ambos les gustaría. En ambos casos, su caída en desgracia ante la sociedad viene precedida por un exceso de ambición y la búsqueda de atajos a las leyes para alcanzar sus fines, supuestamente legítimos. Los dos estaban en un momento álgido de sus carreras, uno como juez de prestigio mundial y el otro como líder de la mayor potencial política en ese siglo, cuando decidieron buscar una fórmula más rápida de conseguir sus objetivos.

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Ambos pretendían lograr una ventaja significativa, jugar con cartas marcadas. El primero para frenar cualquier intento de salir impunes por parte de los acusados a los que jugaba, mientras que el segundo ansiaba conocer y desbaratar la estrategia política de sus rivales antes incluso de que pudieran ponerla en práctica. Y, en un requiebro macabro de la Historia, optaron por la misma vía: las escuchas ilegales. Gurtel y Watergate son nombres que ni Garzón ni Nixon podrán olvidar ya nunca, pues son sinónimos de sus salidas abruptas del Olimpo. Como apunta la sentencia del Tribunal Supremo sobre las actuaciones de Garzón, la razón de fondo para expulsar del poder a ambos fue el empleo de “prácticas que en los tiempos actuales solo se encuentran en los regímenes totalitarios en los que todo se considera válido para obtener la información que interesa, o se supone que interesa, al Estado, prescindiendo de las mínimas garantías efectivas para los ciudadanos y convirtiendo de esta forma las previsiones constitucionales y legales sobre el particular en meras proclamaciones vacías de contenido”.

La única diferencia entre ambos es que Nixon prefirió dimitir de su cargo antes de someterse a la deshonra de una condena pública, mientras que Garzón se ha aferrado al cargo y a su condición de juez hasta última hora ciegamente convencido de su inocencia.

Serán el tiempo y la Historia quienes dicten su juicio final, pero a ojos de sus coetáneos ambos han quedado como unos justicieros polémicos que terminaron justamente ajusticiados. Y es que, como reza el axioma democrático, nadie está por encima de la ley.

Cae Saiz (CNI): nueva muesca para El Mundo

Con la dimisión forzada de hoy del director del CNI, Alberto Saiz, ya son dos los altos cargos del Gobierno que abandonan sus puestos por algún escándalo. Y en los dos ha participado, en mayor o menor medida, el diario El Mundo al sacar a la luz esos abusos. En el caso de Saiz, acusado de emplear fondos públicos para fines propios, el diario de Pedro J. llevó la voz cantante desde el principio, con una portada de las que hacen época y un seguimiento ejemplar. Incluso los caricaturistas estuvieron a la altura. Para muestra, os copio aquí debajo la viñeta publicada por Ricardo en el periódico:

Lógico, por tanto, que el director del diario se haya apremiado a comentar el asunto en su videoblog. Una intervención medida en la que señala que la dimisión de Saiz le “honra” aunque sea “la unica que podía adoptar”. Pedro J. se felicita por “un nuevo triunfo de la información en una sociedad abierta” e incluso valora que “al Gobierno no se le han caído los anillos”.

El Mundo ya participó en la investigación periodística que provocó la dimisión del ex ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, aunque en ese caso la exclusiva sobre la polémica cacería partió de Intereconomía y la de su dimisión correspondió a laSexta. Los de Intereconomía también parodiarion la cacería en su programa de humor Los Clomes. Abajo tenéis el vídeo:

La crisis de la televisión (II)

Se habla mucho de los problemas que atraviesan los medios escritos, y también los digitales (análisis interesantes: I, II y III y IV), pero poco de los verdaderos problemas de las cadenas de televisión. No me refiero sólo a los económicos (con Digital+ a la venta y el cierre de Localia), sino sobre todo de ideas. Ya hemos hablado otras veces de la repetición de formatos (incluso de concursantes) hasta la saciedad o del escaso respeto a las normas de horarios especiales, pero lo más preocupante me parece la recuperación de formatos ya extintos, que en otra época tuvieron verdadero éxito, para tratar de frenar la sangría de audiencia. El último caso es la más que probable vuelta de Sardá a conducir una reedición semanal de su exitoso Crónicas Marcianas. Para eso utilizó el trampolín que ha diseñado Telecinco en el programa de Ana Rosa Quintana (ya utilizaron esta misma fórmula con Maria Teresa Campos).

 

Público.

Fuente: Público.

No es de extrañar que sea precisamente Telecinco. No nos olvidemos que es la misma cadena a la que siempre se ha acusado de promover e impulsar la telebasura y la que, en estos días, protagoniza la polémica por la emisión de dos entrevistas a personajes tan controvertidos como Luis Roldán o Julián Muñoz. Un escándalo tal que ha generado un movimiento de boicot ciudadano a través de Internet (que este blog apoya) y que ha llevado a un juez a decretar el embargo del pago realizado a Roldán.

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Edito: Dos interesantes post de Periodistas 21 sobre la crisis de contenidos y de innovación de la TV.

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Edito (II): En Ficod insisten en que la TV tradicional se transforme para sobrevivir, justo lo contrario de lo que está haciendo.

Burlas a Garzón y nuevos recortes

La prensa de hoy se ceba con la rectficación de Garzón en el caso de los crímenes de la Guerra Civil. La errática instrucción ha dado pie a titulares del tipo “Garzón se quita de en medio al comprobar que Franco ha muerto” (El Mundo), “Garzón constata que Franco ha muerto y no abrirá las fosas por incompetente” (ABC), “Garzón fracasa con su causa general y no tiene otra salida que la inhibición” (La Razón) o “Garzón no puede con Franco” (Público). Vaya por delante el respeto a la labor del juez y a su importancia en democracia, pero queda claro que, en este caso, a Garzón le ha podido su afán de protagonismo, como bien resume Antonio Casado en su columna en El Confidencial.

segundamano

Pero el día también viene con noticias más serias y menos agradables. En España, el cierre de la edición en papel de Segundamano se suma a la crisis de la prensa, mientras que en Reino Unido es el diario The Independent quien anuncia nuevos recortes de personal, un camino en el que ya le precedieron Time Out, Haymarket, DMGT, Daily Mirror, News Corporation o Time, entre otros.  No es de extrañar, pues, que una encuesta reciente señalase que el 64% de los internautas cree que la prensa diaria impresa acabará desapareciendo y reformándose en semanarios.

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Edito (20/Nov): El Confidencial recopila las cifras de la crisis de la prensa: más de 1.000 despidos en menos de 90 días.

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Edito (24/nov): Soitu ha colgado en su web la última portada del Segundamano impreso. Os la copio:

Mi juez es mejor que el tuyo

De todas las disputas abiertas en la actual legislatura, quizá una de las más peligrosas sea la lucha por el control de los jueces. Del Tribunal Supremo y del Constitucional. Los partidos políticos, en su peligrosa deriva de confrontación radical, han optado por judicializar la política. Es decir, hacer a los jueces árbitros necesarios de la validez de cada nueva ley en vez de mantenerlos como garantes de su cumplimiento. Ante este escenario, los medios no han rehusado la polémica, sino que han entrado de lleno en ella, extendiéndola, así, al conjunto de la opinión pública. Lo último han sido las páginas dobles que se han dedicado entre sí El País y El Mundo, contando las supuestas “mentiras” del otro a raíz de las recusaciones de jueces del Constitucional y de la sentencia del 11-M. La confrontación ha llegado a un punto tan surrealista como la defensa personal de unos jueces frente a otros. ¿Podrían los medios haber tenido otra actitud? ¿Era necesaria? Evidentemente, sí. Para empezar, la prensa debería recuperar su función social de denuncia y exigir, de una vez por todas, la independencia del poder judicial, quebrada tras la reforma del PSOE en los ochenta para que los miembros de los principales órganos de gobierno de los jueces fuesen nombrados por el Congreso de los Diputados. Es necesario evitar que asuntos tan serios como aquellos sobre los que debe dictar sentencia la Justicia acaben atrapados en un debate de taberna. Atacar las bases del sistema cuando no está corrupto, sino por mero interés político -tanto del PSOE como del PP- tiene el riesgo de generar la conciencia social de cambiar por completo el sistema, de arriba a abajo, incluídos los propios partidos. Por eso los medios de comunicación deben recuperar su papel de vigías y no de aleccionadores. Se impone un mea culpa colectivo.