5 claves sobre la compra de The Washington Post por Jeff Bezos (Amazon)

20130806-143547.jpg
La adquisición de los principales periódicos pertenecientes a la compañía The Post Co (entre ellos el archiconocido The Washington Post) por parte del millonario y emprendedor Jeff Bezos, fundador y consejero delegado de Amazon, es sorprendente e inesperada, pero vista desde el prisma adecuado parece que tiene más lógica. Estas son, a mi juicio, las razones para entender esta operación:

1. Compra barato. Los 190 millones de euros son una ridiculez si se comparan con los precios que se pagaron por empresas de medios hace sólo unos años y los que se están pagando por algunos portales de Internet que pueden tener mucho éxito en la actualidad pero que, desde luego, no tienen el historial de rentabilidad y relevancia social que atesoran los medios de comunicación, y en concreto The Washington Post, el periódico que lideró las denuncias relacionadas con el caso Watergate que forzaron la dimisión del presidente de EEUU Richard Nixon.

2. Compra sabiendo lo que compra. Para Bezos, que tiene raíces españolas, la industria de los medios no es una desconocida. Además de tener algunas inversiones minoritarias en el sector, hay que tener presente que ha hecho su fortuna en el negocio editorial, en concreto la distribución de libros, que guarda muchas similitudes con el segmento de la prensa. Algunos analistas hablan de que su intención última es hacerse con una marca solvente con la que dar la batalla de la información en Internet. Pero dudo mucho que sea sólo eso. Las redacciones tradicionales, es decir, los periodistas de toda la vida, aportan otra serie de valores que son imprescindibles para que los nuevos medios, sean en el soporte que sean, mantengan su valor y función social.

3. Compra para ganar dinero. Ayer muchos trabajadores de The Post Co. se felicitaban por no haber caído en las garras de algún fondo de inversión de capital riesgo o un multimillonario iluminado que llegan haciendo pero muchas promesas pero acaban dejando la empresa al poco en peores condiciones de las que estaba y repleta de deudas. Pero que nadie crea que Bezos compra The Washington Post con ánimo caritativo. Lo hace para ganar dinero, lo cual es un fin muy noble y lógico. Que lo logre consiguiendo devolver a la empresa a los beneficios y a un modelo de negocio rentable será una buena noticia para todos, para él primero, pero también para sus trabajadores y para el conjunto del sector.

4. Compra para innovar. Así lo ha anunciado en una carta escrita a sus nuevos empleados. Bezos es consciente de que los periódicos deben adaptarse al desarrollo de la tecnología para poder subsistir como medios de audiencias masivas y, por tanto, mantener el favor de los grandes anunciantes. En este sentido, la generalización del pago por contenidos en la Red, que no obstante tiene una mayor aceptación en EEUU que en Europa, será su gran reto.

5. Compra para crear tendencia. No hay nada más tentador para un empresario aventurero que realizar una apuesta arriesgada y salir vencedor. Y más aún si se trata de reinventar una industria con tanta trascendencia como la prensa. Bezos ya hizo algo parecido con el sector del libro, que parecía condenado a un lento declive y, sin embargo, al menos en la parte digital, vive una nueva etapa dorada. Si lo consigue, pasará a ser el nuevo Mesías de la prensa.

______________________

Actualizo (11/09/2013) para añadir una referencia al interesante artículo publicado por ElConfidencial.com en que desgranan las claves de la transformación que Bezos aspira a realizar en The Washington Post y, por extensión, en el periodismo moderno; entre las que destaco “acabar con los recortes de personal, rejuvenecer el periodismo, no perder de vista al periódico impreso, luchar contra el corta-pega y mantener la independencia”.

Apuntes rápidos sobre la actuación de los medios ante el accidente de tren en Santiago

Cuando se cumple una semana del trágico accidente ferroviario a pocos kilómetros de Santiago de Compostela, parece un buen momento para hacer un balance de la cobertura de los medios de comunicación. Aunque me gustaría poder extenderme más, la falta de tiempo me impide el desarrollo necesario de muchos de los siguientes aspectos, pero no quería dejar de reseñarlos:

1. Los recortes que se han producido en los últimos años en la mayoría de los medios hizo que las primeras coberturas fuesen incompletas, torpes e, incluso, confusas. Ante la falta de personal en la zona, muchos medios tiraron de la información de agencias, que también han realizado importantes recortes, pero sin realizar el conveniente filtrado previo, lo que llevó a algunas situaciones esperpénticas y a generar más confusión. Algo que ya sucedió hace dos años con la matanza en la isla noruega de Utoya. Particularmente triste fue la cobertura inicial de las televisiones nacionales, en especial TVE, cuya principal fuente de información en los momentos iniciales eran las webs de otros medios, lo que le ha supuesto muchas críticas. De canales como Telecinco-Cuatro, que renunciaron expresamente a la cobertura en directo de los primeros instantes tras la tragedia y sólo se ocuparon muchas horas después, mejor ni hablamos. Estaban ocupados emitiendo telebasura.

2. Digno de reconocimiento es la decisión de muchos periodistas en paro de la zona que decidieron ponerse en marcha para informar de primera mano aún sin saber si alguien estaría dispuesto a publicar esa información y ayudar en las labores de ayuda a las víctimas. Igualmente, hay que reconocer la delicadeza y el respeto con que, en líneas generales, han tratado los enviados especiales a la zona a las familias, los heridos y demás afectados.

3. No puede decirse lo mismo de sus jefes. Por supuesto, hemos tenido que volver a soportar el uso indebido de imágenes cruentas en algunos medios, la pretensión de convertir en espectáculo mediático lo que es una tragedia humana (especialmente en el caso de las televisiones) y la exageración de ciertos extremos de las informaciones que iban llegando con tal de alimentar el morbo en torno a los aspectos más delicados del accidente. Gracias a Dios la gente todavía tiene estómago y se han disparado las quejas a la FAPE por el tratamiento informativo de estos medios.

4. Capítulo aparte merece el trato dado al maquinista, al que se ha acusado y juzgado prematuramente en los medios antes de conocer todos los detalles y circunstancias de lo sucedido. Veremos lo que finalmente dictamina el juez. No espero una rectificación en este sentido, sé que los directores de medios son demasiado orgullosos como para reconocer un error de este calibre. Pero sí que a partir de ahora haya un mayor tacto al abordar estos asuntos y se contrasten las informaciones en vez de atenerse a la versión oficial dada por las compañías, que se ha demostrado incompleta e incierta.

5. Los tertulianos. Ya sabéis que no son santo de mi devoción. Pero es que en esta ocasión, supongo que también por efecto de las fechas veraniegas en que estamos, los medios han abusado de sus “expertos para todo” para analizar lo sucedido en el accidente, algo que en la mayoría de ocasiones ha resultado un fiasco, en otras un despropósito y, en los casos más extremos, un verdadero ridículo. En situaciones como esta, llena de incertidumbres y de variables que pueden cambiar por completo el relato de la historia, siempre es aconsejable contar con la voz de verdaderos expertos, por mucho que su testimonio sea menos ameno o digerible para el gran público, que exponer a unos profesionales (a muchos de los cuales apenas les queda reputación profesional que defender) a parlotear sobre aspectos que desconocen, sobre los que se han informado mal y con cuyos detalles técnicos se confunden y acaban confundiendo a los lectores/espectadores/oyentes.

Supongo que estos puntos podrían ampliarse y seguramente deba hacerlo en los próximos días. Cualquier sugerencia es bienvenida.

Actualizo: El director de lainformación.com ha escrito una serie de recomendaciones sobre cómo abordar informativamente un accidente catastrófico como el de Santiago. Lo cierto es que no todo ha sido negativo, como me recordaban esta mañana en twitter, y algunas coberturas han sido excelentes, dignas del mejor periodismo y escrupulosamente respetuosas con el dolor provocado. Vaya desde aquí mi reconocimiento a los profesionales que han elaborado esas informaciones.

De los niños de la prensa a las azafatas

Hace muchos meses que no escribo en este blog. Diversas circunstancias personales y el negro panorama de los medios de comunicación me han desalentado ante la escasez de buenas noticias que contar, aunque también algunas se han producido en este año verdaderamente “horribilis” para la profesión. Pero ayer me contaron una anécdota que me parece digna de mención en este blog y sirve para reflexionar sobre la situación en que se encuentra la prensa en nuestro país y el origen de algunos de los males que la aquejan.

20121223-125106.jpg

Me cuentan que en las calles de una capital de provincia española (supongo que en otras muchas más se repetía la escena) diversas azafatas muy monas ellas se afanaban por convencer a los viandantes de que adquiriesen a media tarde la edición extraordinaria del diario regional que recogía los resultados del sorteo de Lotería de Navidad que tuvo lugar esa misma mañana y había dejado varios afortunados en la ciudad. Rápidamente la escena me recordó a aquellas que hemos visto en multitud de películas y que también nos han contado nuestros mayores de cuando los periódicos se vendían a pie de calle, vociferando los titulares más llamativos, por niños, algunos realmente pequeños, que así ganaban unos duros con los que contribuir a la maltrecha economía familiar. Normalmente tenían éxito, ya que en esa época de escasez informativa, en cuanto los periódicos publicaban una edición extraordinaria los lectores prácticamente se las quitaban de las manos a los repartidores. Nada más lejos de lo que sucedía ayer: la mayoría de los transeúntes pasaba de largo pese a la simpatía con que las citadas azafatas trataban de vender el periódico.

No entraré a discutir sobre la conveniencia o no de publicar una edición extraordinaria con los resultados de la Lotería de Navidad, con el coste de papel que eso conlleva, cuando éstos podían ser consultados gratuitamente a través de cualquier página de Internet casi al mismo tiempo que se producía el sorteo. Me interesa más hacer una pequeña reflexión sobre el rol social de la prensa y los periodistas en el momento actual. Insisto en que hay muchos expertos que han disertado con mucho mejor criterio de lo que yo podría hacerlo sobre los motivos de fondo del desprestigio de los medios de comunicación, las razones de la agresiva pérdida de lectores o la situación financiera ruinosa de muchos de ellos. Yo me limito a observar y reflejar aquí cómo en unas décadas hemos pasado de que la prensa fuese un elemento fundamental y necesario para la vertebración de cualquier sociedad moderna a que los periódicos se conviertan en un producto de consumo más, y por tanto prescindibles y/o substituibles.

Antes los lectores iban a buscar la información que ansiaban conocer a la esquina donde sabían que esos simpáticos niños (gracias a Dios el trabajo infantil está prácticamente erradicado de nuestra sociedad) repartían la prensa o, posteriormente, a los quioscos distribuidos por puntos estratégicos de las ciudades. Hoy en día, son los medios quienes, en la calle o a través de Internet, tienen que ponerse guapos y salir en busca de esos lectores que ya no les consideran vitales para su vida cotidiana y a los que deben convencer día a día, en un esfuerzo casi titánico y cuyos frutos están muy lejos de ser los esperados, para que vuelvan a confiar en ellos.

P.D: El artículo que os he enlazado arriba está incluido en el libro Artículos Articulados de Kika Tomás y Garrido.

Los muertos que la prensa ignora

Hace sólo unas horas que los grandes medios de comunicación españoles han comenzado a publicar la noticia del fallecimiento de Dennis Ritchie, cocreador del sistema operativo Unix y del lenguaje de programación C. Sin embargo, su muerte se produjo el pasado domingo, como bien recoge la Wikipedia, y desde entonces no se le ha dado la difusión ni el boato que tuvo la desaparición de Steve Jobs, cofundador de Apple.

El caso viene a poner en evidencia el deterioro de las agendas informativas en los grandes medios (¿aún existen?), lo moldeables que son sus prioridades y lo reducidas que son sus fuentes de información. Una tendencia que se ha agudizado por la crisis económica general y la de los propios medios en particular. La repercusión de Ritchie en el mundo de la computación es, según los expertos, superior a la de Jobs (en 1983 recibió el premio Turing, equivalente al Nobel en el campo de la informática), pero la atención de la prensa (nos guste o no, el principal canal de información para la mayoría de la población) a su muerte ha sido muy inferior y me atrevería a decir que desaparecida de no ser por el interesante artículo publicado hoy mismo por el portal Microsiervos.

No es el primero caso y me atrevería a decir que tampoco el último, pero si comparamos lo sucedido con la exagerada cobertura dada por los medios de todo el mundo a la desaparición de Jobs el contraste resulta sonrojante. Algo parecido podría decirse de los dramas ignorados mientras se le da publicidad a otros (precisamente hoy se cumple un año del rescate de los mineros chilenos, mientras que a otras operaciones similares en China y otros países apenas han sido difundidas) o de aquellos que, salvo excepciones, quedan en el olvido o en el limbo de los grandes medios de masas, como el hambre en África, relegados, en el mejor de los casos, a pequeñas secciones o breves referencias casi de pasada. Sólo aquellas desgracias que contienen alguna dosis de morbo gozan de la atención de la prensa y son seguidas con profusión durante meses. Se impone una revisión a fondo de las prioridades informativas para primar menos el espectáculo y más la información.

‘The Huffington Post’ y ‘The Guardian': tú a Londres y yo a Nueva York

En un movimiento que recuerda a la clásica película Tú a Boston y yo a California, dos diarios anglosajones preparan el lanzamiento de sendas ediciones digital en el terreno natural del otro. Se trata de The Huffington Post, recién adquirido por Aol, que prepara a bombo y platillo la salida en verano de su versión británica y de The Guardian, que, de manera más discreta, planea la puesta en marcha de una versión digital para EEUU que contará con su propio editor en Nueva York y gozará de cierta autonomía respecto a la edición londinense (la actual delegación del rotativo, más discreta, tiene su sede en Washington). Da la casualidad de que ambos medios, aunque diferentes en origen [ya que The Huffington Post es nativo digital y The Guardian encarna a la prensa vegetal], tienen en común el perfil medio de sus lectores, su filiación política y hasta esa aureola de ser “must” (indispensable, en inglés) para aquellos que presumen de ser modernos y estar bien informados. Así que trata sin duda de una batalla casi entre hermanos, como en la película a la que me refería al inicio del post y, por qué no decirlo, la reedición de la eterna disputa entre Londres y Nueva York.

Portada del especial de la 'New York Magazine' sobre Londres.

En esta ensoñación de triunfar al otro lado del charco ya les precedió la prensa económica, aunque no sólo en formato digital, sino también en papel. De hecho, aún perduran la edición estadounidense de Financial Times y la europea de The Wall Street Journal (y ambos tienen versión asiática) como vestigios de una lucha encarnizada por marcar la agenda de las finanzas internacionales. Les precedió el International Herald Tribune, que se edita en París desde 1887 y que tras varios cambios ha terminado siendo la edición global de The New York Times. Pero esta aspiración no es sólo anglosajona. También los grandes medios españoles han probado fortuna, con resultados dispares. ABC lo intentó en 1971 con el ABC de las Américas, que cerró cuatro años más tarde, y, más recientemente, elmundo.es lanzó su edición online para el continente americano y elpais.com su versión global y otra reducida en inglés.

Infoxicación

El último anuncio de Mercedes recupera un término muy adecuado para el contexto actual. Dice la campaña: “Infoxicación, estamos intoxicados de información. Antes tenías cinco amigos, hoy quinientos. Si tenías sed bebías agua, ahora puedes catar cien aguas diferentes. (…) Infoxicación, miles de opciones, millones de dudas (…)”. ¿Hay infoxicación en la industria de los medios? Desde luego en Internet sí y habrá quien crea que los kioskos también. Sin embargo, cuantas más voces, mejor. En España, sin ir más lejos, está a punto de salir a la calle un nuevo periódico (¿el penúltimo?), lo que demuestra que sigue siendo necesario, y probablemente cada vez más, que alguien ordene, clasifique y priorice esa cantidad de información disponible. Esa es la labor de los periodistas. ¡Ánimo!