El papel tiene un gran futuro

Este vídeo bien podría firmarlo cualquier compañía editora de periódicos para reivindicar el futuro de sus medios impresos ante la triple amenaza de la pérdida de lectores, el desplome de la publicidad y la competitividad de los portales online. En realidad es un anuncio de un fabricante de papel higiénico, pero su mensaje final “El papel tiene un gran futuro” coincide con el deseo y el empeño de muchos periodistas que luchan día a día para mantener viva una profesión, que, en la mayoría de los casos, es también su forma de entender el mundo.

Ante el sombrío panorama

Son ya varios meses en los que se suceden las malas noticias para los medios de comunicación. Tantas que a veces resulta abrumador, desconcertante y desmoralizador. Esta misma semana hemos asistido a la presentación de El libro negro de la prensa en la APM, que recoge las dramáticas cifras de la evolución del sector, a una suerte de funeral del periodismo organizado en las redes sociales y a nuevos episodios avergonzantes (el principal, la famosa entrevista de la BBC británica a un falso broker que se alegraba por la recaída de la economía mundial en crisis y que casi todos los medios replicaron sin comprobar la veracidad de su identidad, solo por el morbo de sus declaraciones) que hacen mucho daño a la credibilidad general de los periodistas. Demasiados elementos como para obviar un comentario generalizado en este blog que lleva tanto tiempo sin actualizar.

Sin embargo, me resisto a dejarme llevar por los vientos del pesimismo y sumarme a la corriente generalizada. Estamos en un momento decisivo de la prensa, critico, pero eso no quiere decir que esté todo perdido. Es evidente que los medios tradicionales se encuentran al borde del abismo económico ahogados por la mala gestión de unos directivos que no han sabido entender la naturaleza esta industria y han pensado más en los beneficios que en la calidad de la información, fidelizar a los usuarios o la viabilidad financiera de las estructuras periodísticas. Pero eso no quiere decir que el periodismo esté herido de muerte (aún no), ya que hay muchos cauces para hacer periodismo al margen de los medios de masas. Por suerte, Internet ha venido a reducir la distancia entre informadores y consumidores de información, permite el contacto casi directo entre ellos y facilita la especialización de los periodistas hasta un grado nunca visto antes. Además, cientos de profesionales, jóvenes y menos jóvenes, están dispuestos a emprender la aventura casi en solitario de contar historias y hechos que tengan interés por escasa que sea la audiencia que les sigue. La demanda de información es hoy mayor que nunca, aunque puede que el público se haya dispersado. En plena crisis, la más dura en décadas, los medios pueden y deben aportar un rayo de luz, de esperanza, a quienes buscan en el conocimiento una ayuda para su vida personal o profesional. La labor es esencial: abordar todos los prismas de la realidad, los más gratos pero también los que lo son menos. Si los periodistas somos capaces de conservar o recuperar valores intrínsecos a nuestra labor como la veracidad, la imparcialidad o la fidelidad a los hechos, no será difícil recuperar parte o toda la credibilidad perdida en esta crisis. Es tarea de todos, en nuestro día a día, decidir qué tipo de periodismo queremos, si uno comprometido y firme en la defensa de la libertad, la verdad y la igualdad en mayúsculas o bien unos medios serviles con el poder, condicionados por su situación económica y cada vez más alejados de la realidad cotidiana.

El futuro sólo puede ser mejor para el verdadero periodismo una vez que la industria de los medios ya ha tocado fondo.

El twitendido que lucha por el #futurotaurino

Después de un duro invierno (y no sólo en lo climatológico) que se resiste a marcharse, la recién empezada temporada taurina en España llega en un momento dulce para la afición. ¿Dulce?, os estaréis preguntando… Pues sí. Los movimientos reaccionarios contra la Fiesta de los toros, que tuvieron su triste apogeo el pasado verano con la prohibición de las corridas por parte del Parlamento catalán en toda esta región a partir de 2012, han hecho emerger durante estos meses invernales la fuerza de unos aficionados que demasiadas veces han estado callados, cohibidos o perezosamente ausentes del debate público, dejando el camino expedito a los antitaurinos furibundos. La ansiada reacción ha llegado y ha tenido como epicentro la red social twitter. Ya apuntamos en este blog hace tiempo que las posibilidades que ofrece esta herramienta tecnológica podían ser fundamentales para la defensa y difusión de la Fiesta, y así está siendo. Y no sólo por parte de los aficionados. También algunos periodistas taurinos, blogueros y hasta toreros (cuya unidad de acción ya ha dado sus primeros frutos) están participando en el llamado twitentido, la twitesfera taurina, para dar voz a la defensa de la Fiesta (muchas veces mal defendida y otras defendida en exceso) y proponer soluciones de futuro, agrupadas bajo el hastag específico que encabeza este post: #futurotaurino.

Para que podáis seguirlos a todos (son todos los que están, pero no están ni mucho menos todos los que son) aquí va una recopilación de los participantes más activos en este twitendido:

Aficionados: @medinaescalafon, @tendidosur, @eltorodelajota, @verdeguer,

@pablohernanz, @milinko, @danihernanz, @DeToros, @divisiopinions,

@torossigloxxi, @hagamosaficion, @twittaurino y @chulodetoriles.

Periodistas: @taurologia, @zabaladelaserna, @patricinavarro, @carloscrivell,

@pablogmancha, @jbocanegrajerez, @juareztoros, @enriquemazas,

@sixtonaranjo, @carloscrepogon, @juanmalamet, @rubenarevalo, @JFBayona y @Altoro_.

Matadores: @jmmanzanares, @ferraterbeca, @luisbolivard, @matadorzotoluco y @maripazvj.

Cuentas oficiales: @JOSELITOADAME, @pablohermosonet y @miguelangperera.

Por supuesto, se aceptan sugerencias, modificaciones y añadidos que puedan fomentar y difundir el debate taurino. ¡Va por ustedes!

Las coberturas sobre el iPad 2: ¿información o publicidad gratuita?

Ayer Apple presentó una nueva versión de su tableta electrónica, el iPad 2. Como era de esperar, los medios de comunicación hicieron la ola a la empresa y a su líder, Steve Jobs, en quienes confían como salvadores de la industria. Sin embargo, muchas de las coberturas realizadas se parecen más cerca a la simple información publicitaria (entusiasta, rápida de elaborar y poco relevante) que a un análisis profundo (serio, crítico, reflexivo y trascendente).

Vaya por delante mi admiración por el producto y, sobre todo, el nicho de negocio descubierto por Apple. Pero, no nos engañemos, jalear al iPad 2 no va a salvar a los medios. Deben poner algo, bastante, de su parte. Hace un año ya colgué en este blog una encuesta sobre las repercusiones que la salida al mercado de esta tableta podía tener para la prensa, y la mayoría de vosotros (un 52,78%) coincidió en que se trataba de un producto caro y poco novedoso en lo que concierne a la industria.

Respecto a las coberturas de este último lanzamiento, poco se ha visto sobre los fallos frente a sus competidores o las expectativas defraudadas. Quizás por eso la credibilidad de la prensa anda tan devaluada. Y quizás el primer paso para recuperar lectores, antes que meterle por los ojos a sus lectores el dichoso aparato (u otros similares), debería ser volver a la imparcialidad [o neutralidad, como se dice ahora] respecto de las empresas, los anunciantes y los productos. Sólo ofreciendo información útil para sus verdaderos clientes, LOS LECTORES, podrá salvarse la industria y es posible que lo haga sin la ayuda de ningún encantador de serpientes.

Encuesta: ¿Qué hacemos con las televisiones autonómicas?

Ahora que se ha impuesto una nueva etapa de recortes del gasto público de las diferentes Administraciones, llega el momento de preguntarse por el futuro de los medios de comunicación de titularidad pública. Un debate antiguo, pero que vuelve a la actualidad.

No sólo hablamos de RTVE, cuyo futuro es cada vez más nebuloso. Nos referimos especialmente a las televisiones autonómicas, que acumulan una deuda conjunta de 1.622 millones de euros, a pesar de la generosa financiación pública con cargo a los impuestos que pagamos todos. ¿Son imprescindibles? ¿Tienen sentido en el panorama actual y con la competencia de las cadenas privadas, también regionales? ¿Hay que privatizarlas o cerrarlas, como hizo ayer el Ayuntamiento de Madrid con su propio canal de la TDT? Os pedimos vuestra opinión. Podéis contestar en la siguiente encuesta. ¡Gracias por participar!

Encuesta urgente: ¿Salvará el iPad de Apple a la prensa?