Los muertos que la prensa ignora

Hace sólo unas horas que los grandes medios de comunicación españoles han comenzado a publicar la noticia del fallecimiento de Dennis Ritchie, cocreador del sistema operativo Unix y del lenguaje de programación C. Sin embargo, su muerte se produjo el pasado domingo, como bien recoge la Wikipedia, y desde entonces no se le ha dado la difusión ni el boato que tuvo la desaparición de Steve Jobs, cofundador de Apple.

El caso viene a poner en evidencia el deterioro de las agendas informativas en los grandes medios (¿aún existen?), lo moldeables que son sus prioridades y lo reducidas que son sus fuentes de información. Una tendencia que se ha agudizado por la crisis económica general y la de los propios medios en particular. La repercusión de Ritchie en el mundo de la computación es, según los expertos, superior a la de Jobs (en 1983 recibió el premio Turing, equivalente al Nobel en el campo de la informática), pero la atención de la prensa (nos guste o no, el principal canal de información para la mayoría de la población) a su muerte ha sido muy inferior y me atrevería a decir que desaparecida de no ser por el interesante artículo publicado hoy mismo por el portal Microsiervos.

No es el primero caso y me atrevería a decir que tampoco el último, pero si comparamos lo sucedido con la exagerada cobertura dada por los medios de todo el mundo a la desaparición de Jobs el contraste resulta sonrojante. Algo parecido podría decirse de los dramas ignorados mientras se le da publicidad a otros (precisamente hoy se cumple un año del rescate de los mineros chilenos, mientras que a otras operaciones similares en China y otros países apenas han sido difundidas) o de aquellos que, salvo excepciones, quedan en el olvido o en el limbo de los grandes medios de masas, como el hambre en África, relegados, en el mejor de los casos, a pequeñas secciones o breves referencias casi de pasada. Sólo aquellas desgracias que contienen alguna dosis de morbo gozan de la atención de la prensa y son seguidas con profusión durante meses. Se impone una revisión a fondo de las prioridades informativas para primar menos el espectáculo y más la información.

¿Va a terminar el circo mediático alrededor de los mineros en Chile?

Lo que empezó siendo una historia de superación y resistencia terminó convertido, por obra y gracia de los medios de comunicación mundiales, en un circo. Tanto que cubriendo el evento (casi las 24 horas en directo) había más cámaras de televisión que en la final del mundial de fútbol de Sudáfrica.

¡Ojo!, no critico la atención dedicada al asunto, que se corresponde con la expectación generada, ni la amplia cobertura, pero si el fin perseguido. Escarbar en busca de los mineros era necesario, pero escarbar en sus historias personales hasta llegar al extremo del morbo, aunque la tentación sea grande, debe evitarse. Tampoco todos los medios son lícitos (se habla de que se han pagado grandes sumas por tener entrevistas en exclusiva).

Es cierto que han existido algunas coberturas loables, pero por desgracia son las menos. El interrogante está en saber hasta dónde estirarán el chicle del asunto, que, todo hay que decirlo, ha servido en bandeja audiencias espectaculares. El fenómeno estuvo cercano al ‘reality’, por lo que mucho me temo que serán los espectadores, o, mejor dicho, su sed de “sangre” quienes decidan cuándo se acaba esta historia. Los precedentes no invitan al optimismo (recordad el caso de la niña colombiana Omaira en 1985: las cámaras no se apagaron hasta que murió).

Según parece, esto no ha hecho más que empezar y los medios pretenden seguir sacando tajada algunas semanas más. El anuncio por parte de Antena 3 de que lleva varios días grabando una serie sobre el accidente (anticipándose así a la película de Hollywood) apunta en este sentido.

Esperemos que vuelva la cordura, ya que, como recordaba el viernes Ricardo en El Mundo, existen otras historias de mineros que merece la pena contar.mineros

Edito (21/oct.): Antena 3 parece dispuesta a no dejar pasar el filón de los mineros chilenos. Esta noche les pagará 60.000 euros a cuatro de ellos para que cuenten su historia en un programa en directo y, de paso, iniciar la promoción de la teleserie que su productora ya está grabando. Veremos hasta dónde llega esto.

Edito 2 (25/oct): Parece que estos mineros no le interesan a toda la prensa (¡y deberían!).