“The Australian” se da un baño de oro

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El mayor periódico de Australia, propiedad del denostado Rupert Murdoch, sorprende hoy a sus lectores al haber pintado su portada de oro. Sí, sí, de oro. Menos mal que sólo es pintada, porque si hubiesen impreso esta primera plana asabanada en oro de verdad se hubieran arruinado o el ejemplar hubiese sido inasequible para la mayoría.

En realidad se trata de la campaña de lanzamiento de su plataforma de suscripción digital para tablets, móviles y a través de la web, que bajo el nombre Digital Pass y con la forma de tarjeta dorada se puede ver en el frontispicio bajo la cabecera de The Australian. Una acción rompedora, que traerá polémica y que desde luego resulta impactante.

Los muertos que la prensa ignora

Hace sólo unas horas que los grandes medios de comunicación españoles han comenzado a publicar la noticia del fallecimiento de Dennis Ritchie, cocreador del sistema operativo Unix y del lenguaje de programación C. Sin embargo, su muerte se produjo el pasado domingo, como bien recoge la Wikipedia, y desde entonces no se le ha dado la difusión ni el boato que tuvo la desaparición de Steve Jobs, cofundador de Apple.

El caso viene a poner en evidencia el deterioro de las agendas informativas en los grandes medios (¿aún existen?), lo moldeables que son sus prioridades y lo reducidas que son sus fuentes de información. Una tendencia que se ha agudizado por la crisis económica general y la de los propios medios en particular. La repercusión de Ritchie en el mundo de la computación es, según los expertos, superior a la de Jobs (en 1983 recibió el premio Turing, equivalente al Nobel en el campo de la informática), pero la atención de la prensa (nos guste o no, el principal canal de información para la mayoría de la población) a su muerte ha sido muy inferior y me atrevería a decir que desaparecida de no ser por el interesante artículo publicado hoy mismo por el portal Microsiervos.

No es el primero caso y me atrevería a decir que tampoco el último, pero si comparamos lo sucedido con la exagerada cobertura dada por los medios de todo el mundo a la desaparición de Jobs el contraste resulta sonrojante. Algo parecido podría decirse de los dramas ignorados mientras se le da publicidad a otros (precisamente hoy se cumple un año del rescate de los mineros chilenos, mientras que a otras operaciones similares en China y otros países apenas han sido difundidas) o de aquellos que, salvo excepciones, quedan en el olvido o en el limbo de los grandes medios de masas, como el hambre en África, relegados, en el mejor de los casos, a pequeñas secciones o breves referencias casi de pasada. Sólo aquellas desgracias que contienen alguna dosis de morbo gozan de la atención de la prensa y son seguidas con profusión durante meses. Se impone una revisión a fondo de las prioridades informativas para primar menos el espectáculo y más la información.

Las coberturas sobre el iPad 2: ¿información o publicidad gratuita?

Ayer Apple presentó una nueva versión de su tableta electrónica, el iPad 2. Como era de esperar, los medios de comunicación hicieron la ola a la empresa y a su líder, Steve Jobs, en quienes confían como salvadores de la industria. Sin embargo, muchas de las coberturas realizadas se parecen más cerca a la simple información publicitaria (entusiasta, rápida de elaborar y poco relevante) que a un análisis profundo (serio, crítico, reflexivo y trascendente).

Vaya por delante mi admiración por el producto y, sobre todo, el nicho de negocio descubierto por Apple. Pero, no nos engañemos, jalear al iPad 2 no va a salvar a los medios. Deben poner algo, bastante, de su parte. Hace un año ya colgué en este blog una encuesta sobre las repercusiones que la salida al mercado de esta tableta podía tener para la prensa, y la mayoría de vosotros (un 52,78%) coincidió en que se trataba de un producto caro y poco novedoso en lo que concierne a la industria.

Respecto a las coberturas de este último lanzamiento, poco se ha visto sobre los fallos frente a sus competidores o las expectativas defraudadas. Quizás por eso la credibilidad de la prensa anda tan devaluada. Y quizás el primer paso para recuperar lectores, antes que meterle por los ojos a sus lectores el dichoso aparato (u otros similares), debería ser volver a la imparcialidad [o neutralidad, como se dice ahora] respecto de las empresas, los anunciantes y los productos. Sólo ofreciendo información útil para sus verdaderos clientes, LOS LECTORES, podrá salvarse la industria y es posible que lo haga sin la ayuda de ningún encantador de serpientes.